Fri 31 Aug 2007
Lola: – ¿Cómo se llama?
Yo: – Hoy no tengo ganas de contar ningún cuento
Lola: – Daaaaaaaaaaale. Porfis.
Yo: – Así se llama el cuento: Hoy no tengo ganas de contar ningún cuento.
Escucha…
Había una vez, un cuentero, es decir, una persona que contaba cuentos.
El cuentero iba por los pueblos y en las plazas anunciaba que iba a contar cuentos. Entonces todos los chicos del pueblo se reunían para escucharlo.
Contaba cuentos de príncipes, princesas, dragones, animales y todas las cosas que se le ocurrían.
Un día despertó, se dirigió a la plaza del pueblo donde estaba y esperó a que llegaran los primeros niños a escucharlo.
Cuando hubo varios niños, el cuentero iba a pronunciar las primeras palabras de su cuento cuando se dio cuenta de que no sabía que contar.
Los niños lo miraban con gran expectación, pero al cuentero no se le ocurría nada de nada.
Y fue así como se le ocurrió decir: – Hoy no tengo ganas de contar ningún cuento.
Los niños lo miraron sorprendidos. Y luego lanzaron un grito fuerte todos juntos y empezaron a llorar.
Lloraban, lloraban y lloraban. Y su llanto lo escuchaba todo el pueblo, que empezó a llegar a la plaza para ver que sucedía.
Todo le preguntaban al cuentero porque los niños lloraban y este les contesto que era porque no se le había ocurrido ningún cuento que contar.
La gente del pueblo se enojó con el cuentero, por haber hecho llorar a los niños. Y estaban a punto de echarlo para siempre del cuando escucharon un dulce música entre los llantos de los niños.
Mientras la música se escuchaba cada vez más fuerte, los llantos de los niños iban disminuyendo.
Y de pronto vieron que se acercaba a la plaza la caravana de un circo, que tenía payasos, malabaristas, magos, elefantes, monos, tigres y leones.
Los niños dejaron de llorar de inmediato cuando vieron el circo. Se secaron las lágrimas y empezaron a sonreír.
El dueño del circo se acercó a donde estaba toda la gente del pueblo y les dijo:
- Amigos, somos el circo Rimbomba. Simplemente estábamos de paso, ya que siempre, siempre actuamos en ciudades muy grandes. Pero cuando estábamos pasando escuchamos el llanto de muchos niños y pensamos que necesitaban algo de diversión.
Es por eso que entramos al pueblo para ofrecerles una gran función de nuestro circo a todos. Y especialmente los niños.
Todos en el pueblo, grades y chicos, saltaron de alegría y empezaron a aplaudir.
El dueño del circo además dijo:- Nuestro circo tiene muchos artistas: magos, payasos, malabaristas, domadores de elefantes, monos, tigres y leones.
Sin embargo, me falta un artista. Alguien que cuente cuentos a los niños, entre un acto y otro.
En ese momento toda la gente del pueblo miró al cuentero, que estaba acurrucado en un rincón medio confundido, medio asustado. Y todos le dijeron al dueño del circo que ese era el mejor cuentero del pueblo. Que era la persona que estaba buscando.
El dueño del circo lo contrató enseguida y el cuentero empezó a contar historias de lo que pasaba en el circo. Eran tantos los artistas y animales y pueblos y situaciones que nunca se quedaba sin historias que contar.
Y nunca, nunca, nunca más se quedó sin una historia para contar.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Lola:- Mmmmmmm… me parece que el que cuenta cuentos se parece a vos.
Yo: – Puede ser. Ahora, buenas noches y dulces sueños.
Lola:- Buenas noches. Dulces sueños.